lunes

Se me olvidaba...

Puesto sobre la cómoda frente a tu cama, cuido tus sueños y observo tus despertares.

Me ha tocado verte bañada en pasión, sumergida en lágrimas, ahogada en rabia, y navegando en momentos disímiles que no encajan entre si.

En todos tus polos he querido abrazarte, estar contigo, ser yo aquel que te provoca ganas tan ocultas que incluso desconocías de ti misma.

Pero no puedo tocarte, no puedo besarte a través del plástico que me envuelve, a través del plástico que soy.

Cuando me tomas en una de tus manos, revuelves mi mundo como tantas veces ya lo has hecho. Se levanta la nieve, y mientras cae, aprovecho de derramar un par de lágrimas en tu honor, que nunca verás descolgarse, pero que sabes que están, por eso te da nostalgia cada vez que me ves.
















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N.del A: Sugiera su título.

jueves

A tres metros de distancia

...Felipe se encontraba recostado sobre la cama a unos pocos pasos de la puerta de su habitación, la luna llena entraba en esa fecha por la ventana del costado, iluminándola… Sin embargo, y a pesar que la observaba fijamente, su mente estaba en otro lado, mucho más lejos.

...Los tres metros de distancia, entre su cama y la puerta, sólo graficaban la real distancia entre él y Antonia; eran tantos los kilómetros de separación como pensamientos de ella llegaban a su cabeza por minuto; y ahí estaba dicha puerta, cerrada, inmóvil, estática, tan quieta que incluso provocaba una leve tensión en el solitario ambiente.

...Suspiró por última vez y decidió ir por ella, sin importar la distancia o la dificultad. Se sentó poniendo ambos pies descalzos en el suelo de madera, se levantó sintiendo el peso de su cuerpo sobre el piso. La puerta ya estaba un poco más cerca – “No te ves tan grande ahora”– pensó. Cuando dio el primer paso sintió los dedos de los pies como verdaderas piedras, toscos y pesados, no logró levantarlos. Hizo un segundo intento, con mucha más fuerza, cuando escuchó el tronar de esos dedos que, pegados al suelo, ahora podían observar la pierna que se había apartado de ellos. Felipe no podía creerlo.

...El paso ya había comenzado y necesitaba seguir avanzando, intentó saltar con el otro pie pero éste no se despegó del suelo, desequilibrándolo aún más y provocando que apoyara directamente el tobillo hecho pedazos en el suelo. El dolor fue inmenso, sólo comprable al que sintió cuando su otro pie, al levantarse por el impulso, también se partiera en dos, como si su cuerpo estuviera compuesto por una delgada lámina de hielo.

...Cayó de rodillas a un par de metros de la maldita puerta que en silencio también observaba la situación.

...Al continuar avanzando, sus pantorrillas se pulverizaron, lo que lo obligó a apoyar sus manos en el suelo. Arrojó un grito de dolor como el que nunca había lanzado y, perdiendo nuevamente el equilibrio, intentó reacomodar sus manos en el suelo, provocando otra fractura más en su cuerpo que se desangraba; Felipe había perdido ahora ambas manos y sus muñecas.

...Mareado, adolorido, y a un poco más de un metro y medio de la puerta, intentó empujarse con los muslos, que también colapsaron, botando sus caderas al suelo. El golpe fue tan grande como el aullido de sufrimiento, Felipe no se explicaba por qué nadie había subido en su ayuda.

...Forzó sus brazos para moverse hacia adelante, desprendiéndose de ellos por completo. Su cabeza golpeó el suelo de tal forma que la madera se quebró en el lugar del impacto.

...Así, sin extremidades y sólo con la fuerza de su cuello logró que la cabeza moviera su cuerpo en dirección al, ahora gigantesco, objetivo. Su torso se disolvió como arena, desgarrando su piel, desapareciéndolo poco a poco, destrozando también su mentón y el costado de la cara que apoyaba para avanzar. Felipe no se rindió, pero tampoco lo logró.

...Miles de kilómetros separaban la puerta de la cama de Felipe, pero no tantos como emociones de desolación sentía desde que ella había partido.

domingo

Un paseo de tibia tarde

Detente donde estás, cierra los ojos lentamente, comienza a escuchar el agua calma y sin corriente acariciar los muros de piedra.

Siente la música de una ciudad dividida, donde el tiempo se ralentiza, donde sus habitantes se tiñen con la paz y belleza de los canales. Y claro, si éstos son como venas, recorriendo erráticas sus propios interiores, pero llegando a todos lados, empapando la urbe con su esencia.

Un golpear delicado y pausado indica lo cerca que estamos del punto de partida de las góndolas, la madera cruje, los remos lamen el agua, y el gondolero sonríe, como tú ahora.

No abras los ojos y déjame llevarte a ese lugar, que tanto quiero para los dos, con esas construcciones llenas de sabiduría, de historias que contar, de noches eternas, pletóricas de alegrías, llantos, sangre y carnaval. Escucha como te hablan, como te cuentan su historia, como yo ahora.

Déjame abrazarte profundamente en este lugar, déjame besarte largamente de pie junto a uno de los tantos canales, y que ellos nos vean felices, como tú, como yo, como ahora.
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N.del A: Sueño que se repite.

martes

Insomnio

Aburrido de escribir sobre sueños, quiero contarles un cuento acerca de la realidad. Una realidad en la que el amor deja de ser bienvenido, aunque eso no le quite lo imprudente.

Eran cerca de las 4:00 am y Felipe, a pesar de lo cansado que se había recostado, no conseguía pegar un ojo, simplemente no lograba dormirse. Luego de leer, pensar, y darse muchas vueltas por las sábanas, decidió tranquilizarse y respirar. Se levantó para abrir las cortinas de su habitación, tenía una bonita vista, vivir contiguo al cerro le permitía sentirse en el campo cada vez que lo necesitaba. Ahora era una de esas ocasiones.

La noche estaba algo fría, pero Felipe se encontraba cobijado por sus frazadas, y desde su calor, observaba hacia fuera intentando no pensar, simplemente concentrándose en su respiración. De súbito, y sin tener ningún motivo aparente, comenzaron a salir lágrimas de sus ojos, no las contuvo, dejó que brotaran, que tropezaran cabizbajas por su rostro, que picaran, y que aterrizaran sin fuerzas en su almohada.

En eso, comienza a ver unos reflejos en la ventana, como de cristales que pasaban haces de luz a través de los vidrios. Felipe se concentró, quería saber de dónde venían esas ráfagas. No pudo creerlo, volvió a observar con atención… era cierto, pero muy improbable, tanto así que si le hubieran dicho que existía esa posibilidad, él habría asegurado con su vida que no, pero ahí estaba, tendido, observando, cuando a las 4:37 am las estrellas estaban llorando desde su ventana.

Desconcertado, no quiso atribuir ninguna explicación lógica a lo que estaba viendo, tampoco quiso cuestionarlo o cuestionarse, simplemente se encargó de ser un espectador de un evento del que, estaba seguro, nadie más se estaba percatando.

Las estrellas lloran cuando nadie las está mirando… pero hasta las estrellas se equivocan.

Desde el otro lado del cerro, ella también observaba llorar a Felipe, y nostálgica le regalo esa única estrella que ya no derramaba lágrimas, pero sólo porque fue la primera en liberarlas.
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N. del A: Debo ser sincero, este relato no me gustó como quedó, pero siento la necesidad de comunicarlo. Me gustaría saber que le(s) parece (y así me entero de pasada si alguien lee este blog).¡Gracias!

miércoles

I

Diez dedos acercándome tus caderas.
Asiéndonos.
Nueve caricias tuyas en mis cabellos.
Persuadiéndonos.
Ocho miradas que no necesitan palabras.
Confirmándonos.
Siete susurros suaves en tu oído.
Encendiéndonos.
Seis horas asimiladas de absoluta libertad.
Elevándonos.
Cinco árboles rodeando nuestros cuerpos.
Observándonos.
Cuatro piernas entrelazadas.
Arrimándonos.
Tres escalofríos que te recorren cada minuto.
Inquietándonos.
Y dos bocas besándose sin control.
Convirtiéndonos
en Uno.

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N. del A: Formato prestado (gracias Marcel)

domingo

Algo extraño

Hoy pasó algo extraño.

Era un lunes cualquiera y como era común, aún faltaban unos segundos para que sonara la alarma, pero yo ya tenía los ojos abiertos. Lentamente comencé a sentir mi cuerpo despertar… lentamente también, me levanté.

Estaba nublado.


Camino al trabajo comenzó a lloviznar, primero muy despacio, luego un poco más fuerte (pero sin llover)… creo que el agua de verdad quería hacerse esperar, todos sabían que vendría, pero no aún. Cuando llegué a la oficina pasaron unos diez minutos y se desató un diluvio imparable, súbito, y mostrando su poder, se convirtió en el evento principal que buscaba ser.


Tomó un tiempo, pero finalmente esta lluvia comenzó a caer en todos nosotros, quienes estábamos secos y protegidos por fuera, pero poco a poco nos inundamos en nuestro interior, y cada vez más silenciosos, nos sumergimos, nos cerramos.


Esperé durante toda la mañana nuestro clásico encuentro… y sucedió, sin embargo no resultó todo lo bien que esperaba… o que yo esperaba… no me gusta esperar cosas, no me gusta esperar gestos. La lluvia cayó un poco más fuerte en mí.


Lo notaste.


Un par de horas más tarde hiciste un gesto que jamás habría esperado, un regalo, una sorpresa. Mostraste un interés inmenso por saber qué me pasaba, por conocer el motivo de mi silencio.


Con tu hermosa sencillez y cercanía me ofreciste salir a dar una vuelta, y a pesar de las responsabilidades no pude decir otra cosa que “¡sí claro, vamos!”. Corté los alambres de mis dedos, y creo que no lo notaste pero tomé dos segundos tu mano… hablamos de todo y de nada, nuevamente arreglamos el mundo.


Y fui feliz.


Mientras caminábamos por nuestra propia película, dejé caer las gotas de lluvia sobre mí, las sentí, las disfruté… Desde luego también aprovechaba de ver como otras, mucho más inteligentes, se peleaban por caer en ti, por rozar tu cuerpo, deslizarse por tu dulce frente, recorrer tu abrigo, pasar cerca de tus ojos, tus labios, y descansar plenas en tus bolsillos. Creo que es la primera vez que la envidia me hace sonreír.


Entonces ocurrió. Poco a poco las gotas disminuyeron el apuro raudo con que caían, mansamente (pero sin detenerse) bajaron muchísimo su velocidad, se volvieron ligeras, comenzaron a acumularse justo antes de llegar al suelo, lentamente giraron, y empezaron a subir, cayendo hacia arriba, emprendiendo el vuelo, llegando a obtener la misma fuerza de antes, pero directo al cielo, no fuimos los únicos en notarlo, pero sin duda sí fuimos los primeros.


¿Sabes que sucede cuando llueve como siempre? No solo caen gotas, también caen ánimos y cejas, ceños, hombros, pasos y estados. Todo se nubla y se cierra un poco. Pero cuando llueve hacia arriba pasa algo distinto… exactamente lo contrario, los ánimos se levantan, al igual que las miradas, se purifican las frentes, te yergues para caminar, se ilumina tu rostro, se despeja en tu interior, y lo demuestras.


Hoy pasó algo extraño, y estoy seguro que fue por ti. Por tu capacidad de cambiar el clima no solo me permitiste ver la poesía de tu rostro mojado, sino que además feliz. Cuando llueve hacia arriba, uno recuerda que más allá de los eventos, uno siempre termina por sonreír.


Gracias.

miércoles

Conditionis

...Cuando nada había, nada se sabía. Todo era plenitud, había cosmos y caos conviviendo simultáneamente. Dicha.

...Entonces la Luz, sin que nadie la invitara, nació. –“Bueno, así acontecen los grandes eventos, por error”- comentó la Voz, quien sin darse cuenta, al decir eso, también germinó en el universo. Así se creo la forma y el verso.

...Tú bien sabes que con eso basta para que lo demás llegue por si solo, Figuras y Poesía son la base, el núcleo. Nació lo Principal.

...Después apareció el Horizonte, la Manifestación, las Telas, el Sol, los Planetas y la Vida; con ello Dios y las estrellas.

...Al poco tiempo el Mar le dijo al Cielo: -“Cuando muera, quiero que me cremen y esparzan mis cenizas por la tierra”-. Y la Belleza cubrió el Mundo.

...Luego aparecieron tus ojos, y todo dejó de existir… nada más fue interesante… pero algo te puedo asegurar, cada cosa hermosa que nació del universo, dejó un poco en tu mirada. Es por eso que mirarte basta.