martes

Vacaciones

Cuando salí del furgón vi a la Vero corriendo como a quince pasos de mí, estaba intentando pillar un conejo que se alejaba rápidamente de ella, el Coke celebraba su tercera hormiga quemada con la lupa que el abuelo le había regalado para navidad. Mi papá prendía el carbón y mi mamá miraba a mi hermana corriendo tras el orejudo, que ya había perdido de vista. Le subí el volumen a la radio del auto, me gustaba ese cassette de Janis Joplin (fue el primero que se compró mi papá al enterarse que el furgón venía con cassettera)… no se, encontraba que se parecía a la voz de la abuela; a veces con la Vero nos la imaginábamos cantando así, y la imitábamos escondidos… nos matábamos de la risa.

Mi papá se sobajeó las patillas que le llegaban hasta el cuello, mirando como si buscara a alguien, cuando me vio me pidió que le ayudara a poner la parrilla arriba del tambor. Me ensucié las manos con grasa y me las limpié en la polera, a mi mamá no le gustó mucho eso y me gané un par de zamarreos. Había olor a pino… a pino y a humo de carbón.

En dos semanas entraba a clases, pero no me importaba…

En la tarde nos bañamos todos en el río, menos mi mamá que se encargó de ordenar las cosas, poner el colchón en la parte trasera del auto, y hacer unos panes con jamón para el viaje, ese día volvíamos a la ciudad porque mi papá tenía que trabajar al día siguiente.

No puedo decirte 'quiero'

Ocurre algo que deseo contar
Pero ser claro ahora no puedo
Anhelo rozarla con los dedos
Lentamente poderla desnudar.


Pretendo besarla mansamente
Acostados soñamos en el fuego

De cuerpos juntos por apego
Ahora busco tus ojos locamente.

Puedo pensar ahora que la amo
Pero acá no me puedo expresar
Falto de esta letra no puedo, no se puede.

Solo me queda completar el tramo
De tus curvas que deseo tomar
En la punta de los dedos tal vez quede.

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N. del A: - Estimado lector, el presente es un ejercicio narrativo llamado "lipograma" el cual consta de escribir un texto prescindiendo de alguna letra, en este caso, la vocal "i".
- Por otra parte, si siente extraña la rima es por su estilo sonante que danza de la siguiente forma:
ABBA ABBA ABC ABC. Eso, espero lo hayan disfrutado.

jueves

Sobre la hierba

Javiera había logrado una relajación absoluta cuando vio una gran nube asomarse tras los cerros. Con su piel mate vertida sobre la hierba en ese tibio día de primavera, recordó el anuncio del tiempo donde dijeron que no habría ni una sola nube en los cielos de la capital… como de costumbre, habían fallado.

Esto no le molestó, pues ella recordó cómo en su infancia las nubes adoptaban formas que le servían para inventar juegos y echar a volar su imaginación, y ahí estaba… blanca, esponjosa, enorme.

Se dejó llevar por el claro intenso que le proponía, sintió como cada centímetro de su piel, cada poro, se erizaba provocando una tremenda sensación de bienestar. Llegó un momento en que Javiera se encontraba absolutamente ida, entonces los vellos de sus brazos, súbitamente, se desprendieron de su cuerpo emblanquecido.

Su espalda se despegó del suelo, y su cuerpo se encorvó como un lente de telescopio. Así, convexa, comenzó a levitar; quiso abrir sus ojos para saber si era verdad lo que le estaba sucediendo, si era real, y vislumbró como se encontraba a unos diez metros de altura, oteó su cuerpo de piel alba, y sintió como la punta de los dedos de sus pies comenzaban a deformarse, convirtiéndose en unas especies de palomitas de maíz, su cuerpo completo comenzó con la misma metamorfosis, sus antebrazos, sus omóplatos, sus pómulos, todo se iba redondeando de manera increíblemente placentera. Comenzó a ver nublado… cada vez más borroso, se elevó.

Cuando Miguel observó esa nube asomarse por el otro lado del cerro sintió una gran calma en su interior, echado sobre la hierba sonrió, y sintió que acababa de dar un paso dentro de una etapa única, especial… y se dejó llevar.

Javiera y Miguel nunca se conocieron en persona, pero en esa tarde de primavera, por un mínimo instante, se amaron tal cual eran, sin cuerpos, a través de los cerros, sin más gente, arriba.

Las trepidantes aventuras de Wasinflei IV

Wasinflei agarró todo y armó un lío de cosas, el universo se confundió y algunas cosas cambiaron, como su blog, su autoestima, y el sabor de los cuchuflís.

lunes

Las chimeneas

En estas fechas pasa algo realmente inaudito, nacen unas chimeneas rarísimas en toda la ciudad, en cada hogar aparece una, si vives en un departamento salen horizontales desde alguna pared, y si tu hogar no tiene techo, algunas vienen con uno incluído.

Crecen en la noche, mientras todos duermen. Cuadradas, con bordes de ladrillo rojizo, y con el espacio justo para que una persona como tú quepa dentro poseen una gran extrañeza, y es que botan una especie de resina mágica, permitiendo que cuando alguien quiera subir o bajar a través de ellas, éstas adopten por dentro la forma de una cómoda escalera; eso sí, no cualquiera puede entrar a estas chimeneas, solo la gente con buenas intenciones puede lograrlo, y como dato curioso, la misma resina de las chimeneas tiñe fuertemente todo lo que roza, volviéndolo de un rojo muy intenso; por eso, si vez a alguien que anda vestido con ropa teñida de rojo, no temas, probablemente es alguien con buenas intenciones que quedó manchado por pasear entre chimeneas.

Nadie sabe bien cómo funcionan o por qué salen en estas fechas, pero sin duda hacen un buen trabajo, mejoran los hogares llenándolos de luz y paz, provocando que los grandes anden más felices (y, por ende, los chicos también).

Cuando cambia el año, al igual que como aparecen, se desvanecen en cuestión de una sola noche, sin dejar rastro alguno, excepto por supuesto en nosotros… recordándonos que son reales, y alimentando la esperanza que las volveremos a ver, el otro año, por estas mismas fechas.

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N. del A: ¡Feliz Navidad!

Cuando un vagabundo muere

Dicen que cuando un vagabundo muere, se convierte en polvo, que solo deja sus prendas sucias en el piso, tiradas por ahí, que sus restos los levanta el viento para mezclarlos con la ciudad. Un poco de mendigo hay en el pavimento, otro poco en los edificios, algo en el aire que respiras, y seguramente también cae un pedazo en algún perro símil por ahí.

Cu
ando inhalas y sientes el aire rancio, es él, y por una milésima de segundo, sientes esa apatía por el mundo, que era suya.

D
icen que cuando un vagabundo muere, nadie los ve morir, la transmutación a polvo es rápida, y solo otro vagabundo puede apreciarla, sin embargo si lo logra, quiere decir que él será el próximo.


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Foto de mi autoría, Autopista Central.

miércoles

Las trepidantes aventuras de Wasinflei III

Un gnomo golpeó a Wasinflei en la frente, y como no le pidió disculpas él le compró un helado y hablaron del futuro.
Wasinflei no fue rencoroso porque cuando peque, su madre le enseñó a nunca pelear con gente más pequeña que él, y el es muy alto para los gnomos.