jueves

El infinito de Piero

Quiero compartir con este selecto grupo de lectores algo muy personal.
Hace unos días le solicitaron a mi hermano chico, Piero (12 años) que escribiera un relato de tema libre para el ramo de Lenguaje y Comunicación.

Lo leí, me sorprendí y me emocioné por la cantidad de sabiduría que se puede esconder en un niño que siempre he considerado especial, diferente... más silencioso y con menos amigos que los demás.

Le pedí permiso para publicar su relato de forma íntegra, con sus faltas y sus detalles... que sólo agregan sabor. Acá va.

El infinito
Por Piero Pentenero

Muchas veces nosotros nos preguntamos ¿Qué es el infinito? o ¿Cómo es?
Hay muchas preguntas sobre el infinito...
El infinito es un lugar que el ser humano nunca ha visto pero nuestra imaginación si. El infinito no es un lugar de cubos con rayitas y luces, o la más conocida, en blanco también se dice que es blanco es la nada, pero resulta q nada en la vida ni en ninguna otra parte (excepto los 2 siguientes ejemplos que voy a dar después) hay algo más grande que el infinito...
Hasta la misma nada como tal lo dice, no es absolutamente nada con el infinito, ni siquiera logra ser un píxel al lado del infinito. El infinito es el único "espacio" q existe pero... lo único que es del mismo tamaño que el infinito es, el amor y la imaginación.
Para los que no saben casi todo es lo "finito"


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N.del E: ...plop

lunes

Tiembla

Noche. Silencio. Tiembla. Desde el exterior se siente esa fuerza que no alcanzamos a comprender, que remueve placas, ciudades completas, almas pobres, y ricas. Todo se remece y parece no detenerse jamás, se escucha el ruido de las cosas que caen, grandes, chicas, no importa; perder la tranquilidad no tiene ningún sentido, conservarla tampoco. Creo que por primera vez, y esta vez en la realidad, me preocupo.

Hoy se me hace imposible no escribir algo al respecto, con un corazón acostumbrado a moverse y mal enseñado a externalizar todo lo que le pasa, que me desordena estas letras, que me regala repetitivamente como primera -y casi única- satisfacción el rostro de la mujer que amo, feliz de verme por estar ahí apenas un par de minutos después que todo se sacudió como si al planeta se le hubiera olvidado que existíamos, alguien debería llamarle la atención, por nadie lo hace. Debe ser porque todos coincidimos en que no podemos culparlo de querer deshacerse de nosotros.

Pero este espacio no está en ruinas, este marco blanco es intocable, perenne, por eso decido tallarlo con este recuerdo, para que no se me olvide, que lo primero que pasó por mi cabeza mientras veía el vaivén brusco de los árboles y los techos, fueron tus ojos, esos que provocan los temblores en mis manos y demuelen todo lo que se encuentre en mi cabeza.

martes

Amanece

Amanece... Y en lo primero que piensa la luz es en quitarle terreno a las sombras que cubren tu cuerpo dormido. Comienza una lenta y silenciosa batalla en la cual tu piel es el espacio a dominar, donde la luz se impone poco a poco y de manera armónica sobre el aún azulado de tus superficies... curvas que desnudas, con desenfado y comodidad se dejar querer por la sábana que presencia esta pugna que también se ilumina. Surco suavemente tu espalda con mi mano, hundiendo levemente tu piel para que luces y sombras encuentren otros terrenos donde cabalgar. No me aguanto, te beso un hombro cerca del cuello, suspiras mientras sonríes, te susurro que eres lo más hermoso que visto durmiendo, le das un beso al aire sin abrir los ojos. Te duermes. La luz gana terreno.

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N.del A: :)

jueves

Sábanas

-Es como si los sueños fueran hechos de sábanas- comentó -múltiples sábanas que caen lentamente sobre lo que tu inconciente te ata a imaginar, te sientes ligero pero obligado, te sientes aire pero levemente encerrado, y aún así te dejas llevar por esa delicada gravedad-.

-Y las sábanas caen sobre un lugar, formando piezas, mesas, luces, muebles, libros, y tu cuerpo horizontal- levantó su cabeza y la miró por primera vez en la conversación, ella sabía que venía más, quizás algo que temía escuchar... pero guardó silencio, e incapaz de hacer un gesto, permitió que él continuara.

-Aunque con forma, todo es blanco, tu mente no ha decidido de qué color rozar los objetos, sólo tu cuerpo lo tiene, pálido pero sonrojado, terso, suave. Todo está formado en ti, ajustado en cada milímetro a tus formas, denotando frente, cejas, nariz, mejillas y tu cuello... tu cuello, tus hombros y cada una de las hermosas curvas que conforman ese cuerpo tan real- ella contuvo la respiración, no supo como reaccionar.

miércoles

A mis primeras cenizas

Los negros mocasines, usados pero jamás maltrechos, no caminaron sobre el ripio seco; el pelo, alguna vez rojo como atardecer pero ahora rubio pálido como sol de mediodía, tampoco sintió el viento pasar desenredándolo; la piel blanca y la blusa impecable dentro de los jeans no vieron los árboles del parque; y los 62 años no llegaron, al menos no esta vez.

Los ojos que miraban sincero se habían cerrado, las palabras llenas de verdad –su verdad- callaron, pero su eco resonaba en la impresionante cantidad de gente que la fue a despedir.

La actriz principal de su cortejo, la parte esencial de la paz y la tranquilidad que unía a los que nos quedamos, había partido… dejando visiones hermosas de un planeta que cada vez menos gente respeta, y que muy pocos se dan el tiempo de percibir, pero no ella, no ellos, no nosotros.

No recuerdo cual fue la última conversación que tuve con mi tía Yolanda, pero siempre me llamó la atención que cuando hablaba de juicios, mostraba los dientes de abajo, y cuando reía, fulguraban los de arriba.

Como una sandía podías percibir ese exterior duro, quizás hasta impenetrable para algunos, pero llena de un sabor suave y dulce por dentro, de ternuras y caricias que no escatimaba en entregar a todos aquellos que, luego de atravesar la cáscara, disfrutábamos de los dones de una persona maravillosa.

Mi tía, la sandía como le empiezo a decir desde hoy, dejó buenas semillas; crecidas de la tierra y nutridas por un cielo más azul, supieron mostrar también un dulzor aprehendido de la sabiduría que te entrega crecer más en la naturaleza que en la ciudad, más en el campo que en la habitación, más en las ganas que en el nihilismo, nihilismo que nunca más verá, como esa fría habitación que la vio partir, o esa ciudad que la despidió que nunca fue la suya, pero que por estar tan bien acompañada, se tiñó por unos momentos de praderas, de hierba y de juncos, que tramaron su camino hacia el lago donde descasará para siempre.

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N. del A: Por supuesto, a Yolanda.

martes

Mi País

Cuando cambia el clima y el sol le ladra a las nubes,
Mi país florece más que el resto
Su bandera germina en cada ventana y cada balcón
Y comienza a flamear uniendo lo que se separó
Eleva cien pañuelos para acariciar el aire fresco
Y tiembla la cordillera por este zapateo bravo.

Me gusta mi país
Cuando se escucha el trueno del aplauso compartido
Que llama al baile y al chiflido desenfrenado.
Asomando el verdadero rostro de mi gente
Que solidaria busca compartir borracha
Una chicha en cacho y una empanada
Y un pedazo de buena carne a la parrilla
Recién asada.

Me gusta que el que no sabe baila igual
Porque está lleno de chinas coquetas
Que asoman sus ojos almendrados sobre el pañuelo
Viendo su huaso que si no es tal, da igual.

Y es que sobre mi país puedo escribir para siempre
Y siempre me faltarían palabras para terminar
Si de los colores del norte
Y de los paisajes del sur
Ya otros han narrado
Tanto mejor de lo que podría hacerlo yo.

Eso se lo dejo a los poetas
Y no a mí que soy un simple bufón
Que borracho pero contento
Celebro y hago salud por mi Chile

Que esta fiesta no se acabe
Porque es lo que nos recuerda
Que podemos ser un despelote
Pero siempre habrá espacio para una cueca.

Salud!

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N. del A: Canto a lo mundano, de manera mundana.

Focus

¿Y qué pasaría si descubriéramos que las gotas de lluvia son sueños que no alcanzaron a tocar el cielo y se derrumbaron cuesta abajo?





... no me digas que sería triste.


Porque entonces los bosques y prados, la tierra nutrida y la vida, serían producto de hermosos deseos que, cristalinos, nos permiten ver despiertos lo que solamente podríamos haber soñado.

Es una cosa de enfoque ¿no crees?

sábado

La conspiración

El plan había sido llevado a cabo de manera perfecta, no levantando sospecha alguna. Años de reuniones ocultas y maquinaciones más allá de cualquier ideología o pensamiento. Todo salió tal y como estaba escrito en los antiguos axiomas que los regían.

El planeta aún no lo sabía, pero hoy era el primer día de una nueva era.
Los pandas gobernarían la Tierra.

lunes

A veces

A veces, uno camina por un sendero ya conocido, derecho y sin darte cuenta, pasa el tiempo y dejas de impresionarte por su entorno, por su ambiente, simplemente porque lo encuentras "igual que siempre", y dejas de ver.

A veces uno se olvida que para escribir, es necesario empezar a hacerlo, y siempre hay algo impresionante que te puede llevar a ella nuevamente, a sus rizos, a su piel... entonces el camino vuelve a tomar curvas, bifurcaciones, y paisajes que no sólo son diferentes, si no que te sientes obligado a aprovechar, porque sabes que nunca más volverás a verlo con los mismos ojos.

Que suerte que ahora tengo un buen sendero para caminar, que suerte que estás tú en él.

jueves

El beso

...Reúnes mis labios con los tuyos y el infierno se acerca, rozo tus comisuras entreabiertas, sin pudor masco suavemente tu borde inferior, sonríes y deslizas tu lengua por mi superior mientras reaprietas con fuerza tus brazos alrededor de mi cuello. Dejo caer levemente mi cabeza hacia un lado, tú haces lo tuyo y nuestros precipicios de abren arrojando a él nuestros surcos, mezclando carnosidades y saliva. Exhalas, inhalo, y mientras cerramos nuestros labios enderezamos nuestros cuellos. Besas tiernamente la punta de mi labio superior, invitación suficiente para acariciar la unión exacta entre tu cuello y tu mentón, te devuelvo la sonrisa.

...Libero una mano sólo para recorrer tu rostro, tus ojos cerrados, y con el pulgar, esos labios que tanto había esperado. Me acercas mientras reabres tu boca, y sin abrir los ojos nos besamos nuevamente, pero esta vez, iríamos más allá.

sábado

La manzana

...Sin tener muy claro si estaba soñando o no, Carlos decidió coger el fruto recién caído del árbol.

...
Era una manzana preciosa, con esa forma llena de curvas, amplias en la parte superior, convexa hacia el inferior, terminando en un sutil botón como base, voluptuosa, de un rojo mate cautivante, con pequeñas y sutiles pintas negras envolviendo cuidadosa y elegantemente su cáscara. Su frescor y aroma parecían llegar directamente a la zona donde se producía el más profundo bienestar… la felicidad. Embelesado, cerró los ojos y acercó su boca para sentir el primer bocado de una fruta que parecía ser sacada directamente del jardín de Dios.

...Su interior era maravilloso, su textura y temperatura eran perfectas, su sabor, delicioso. Era todo y más de lo que esperaba. Carlos inhalaba e hinchaba el pecho respirando profundamente, quería ser absolutamente consciente de aquel momento, para no olvidarlo, jamás.

...El sabor a sal comenzó a cubrir todo el interior de su mandíbula, poco a poco la textura se convirtió una pasta descomunalmente desagradable, que se metía entre sus dientes, y se adhería a las encías, se expandía dentro de él. La sal se fue transformando en amargura, profunda e incontenible. La pastosidad impedía que abriera su boca para escupir el pedazo; haciendo una mueca horrible abrió los ojos y observó la manzana de su mano, que chorreaba como una grumosa gelatina verde y café hasta sus muñecas, de donde salían gusanos y arañas que se descolgaban recorriendo su brazo.

...En un gesto de desesperación Carlos comenzó a agitar su mano, liberándose poco a poco de la asquerosidad que la cubría y de las espantosas criaturas. La manzana lloraba, y Carlos, asqueado, logró finalmente escupir el amasijo vomitivo que llenaba su boca por completo.

...Nunca logró volver a sentir el sabor de las cosas en su delicia máxima, como antes lo hacía. Esa amargura le llenaría la boca y tañería cada alimento que Carlos llevara a su boca, para siempre.

lunes

Mario

Mario estaba molesto, no tenía claro por qué, pero tampoco le daba mucha importancia, ya que desde hace un tiempo era común que se ofuscara sin motivo al menos una vez al mes, además creía que a todo el mundo le pasaba lo mismo.

Mario no podía sacar a esa mujer de su cabeza, antes había sido tan sencillo, con las otras, simplemente un día le gustaban, al otro le encantaban, y al siguiente ya le gustaba otra (sobre todo por su fama de enamoradizo) pero por algún motivo, simplemente no se podía sacar a esta muchacha, ella tenía un trato con él de afecto e indiferencia, y eso a él más lo confundía, ella pololeaba y hacía poco que se había mudado para vivir con “ese desgraciado” como le llamaba en sus pensamientos.

Mario no podía creer en lo que se había metido, que simplemente le gustara tanto, y no pudiera olvidarla, que no le pudiera gustar cualquier otra… ¡cualquiera!, no paraba de preguntarse ¿y si ES ella? En eso, de golpe le hizo sentido una frase, y como pocas veces en la vida, simpatizó con el lenguaje norteamericano, razonó acerca de eso del “fall in love”, diferente a “enamorarse”, mucho más profundo, ya que aquí “caes en el amor”, “caes enamorado”, aunque él no quería asumir si lo estaba o no, y no le gustaba preguntárselo, lo ponía incómodo, molesto.

Mario, mientras avanzaba por la vereda, pensaba que cuando uno cae puede ser por un tropiezo, porque uno no se cae solo, es porque algo o alguien lo provocó, a veces por intentar hacer algo que no sabías si eras capaz, buscando probarte ante un desafío, pero nunca por si solo, a veces por desconcentrado, pero no en situaciones normales, a veces otro(a) te empuja con algún fin, y te puedes caer al piso, pero puede llegar a ser más, te puedes caer a un precipicio y no subir más. “Caer” pensaba Mario -“Quitarte de mi vida lo podría hacer fácilmente, pero al sentir tu olor… mujer, ¿qué has hecho conmigo?”- y hundiendo su pie izquierdo en un pequeño desnivel de la vereda, tropezó, se acordó de lo molesto que andaba, frunció el ceño, siguió su camino, y pensó en otra cosa.

Estás

Tengo tu olor en mis manos, lo que indica que fue una sabia decisión tomar tu cuello al despedirme de ti. De alguna forma estás en la punta de mis dedos, así como por culpa del impertinente beso que intenté robarte después, mi trasero está en la punta de tus botas de taco alto.

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N.del A: ¿Comedia?

Se me olvidaba...

Puesto sobre la cómoda frente a tu cama, cuido tus sueños y observo tus despertares.

Me ha tocado verte bañada en pasión, sumergida en lágrimas, ahogada en rabia, y navegando en momentos disímiles que no encajan entre si.

En todos tus polos he querido abrazarte, estar contigo, ser yo aquel que te provoca ganas tan ocultas que incluso desconocías de ti misma.

Pero no puedo tocarte, no puedo besarte a través del plástico que me envuelve, a través del plástico que soy.

Cuando me tomas en una de tus manos, revuelves mi mundo como tantas veces ya lo has hecho. Se levanta la nieve, y mientras cae, aprovecho de derramar un par de lágrimas en tu honor, que nunca verás descolgarse, pero que sabes que están, por eso te da nostalgia cada vez que me ves.
















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N.del A: Sugiera su título.

jueves

A tres metros de distancia

...Felipe se encontraba recostado sobre la cama a unos pocos pasos de la puerta de su habitación, la luna llena entraba en esa fecha por la ventana del costado, iluminándola… Sin embargo, y a pesar que la observaba fijamente, su mente estaba en otro lado, mucho más lejos.

...Los tres metros de distancia, entre su cama y la puerta, sólo graficaban la real distancia entre él y Antonia; eran tantos los kilómetros de separación como pensamientos de ella llegaban a su cabeza por minuto; y ahí estaba dicha puerta, cerrada, inmóvil, estática, tan quieta que incluso provocaba una leve tensión en el solitario ambiente.

...Suspiró por última vez y decidió ir por ella, sin importar la distancia o la dificultad. Se sentó poniendo ambos pies descalzos en el suelo de madera, se levantó sintiendo el peso de su cuerpo sobre el piso. La puerta ya estaba un poco más cerca – “No te ves tan grande ahora”– pensó. Cuando dio el primer paso sintió los dedos de los pies como verdaderas piedras, toscos y pesados, no logró levantarlos. Hizo un segundo intento, con mucha más fuerza, cuando escuchó el tronar de esos dedos que, pegados al suelo, ahora podían observar la pierna que se había apartado de ellos. Felipe no podía creerlo.

...El paso ya había comenzado y necesitaba seguir avanzando, intentó saltar con el otro pie pero éste no se despegó del suelo, desequilibrándolo aún más y provocando que apoyara directamente el tobillo hecho pedazos en el suelo. El dolor fue inmenso, sólo comprable al que sintió cuando su otro pie, al levantarse por el impulso, también se partiera en dos, como si su cuerpo estuviera compuesto por una delgada lámina de hielo.

...Cayó de rodillas a un par de metros de la maldita puerta que en silencio también observaba la situación.

...Al continuar avanzando, sus pantorrillas se pulverizaron, lo que lo obligó a apoyar sus manos en el suelo. Arrojó un grito de dolor como el que nunca había lanzado y, perdiendo nuevamente el equilibrio, intentó reacomodar sus manos en el suelo, provocando otra fractura más en su cuerpo que se desangraba; Felipe había perdido ahora ambas manos y sus muñecas.

...Mareado, adolorido, y a un poco más de un metro y medio de la puerta, intentó empujarse con los muslos, que también colapsaron, botando sus caderas al suelo. El golpe fue tan grande como el aullido de sufrimiento, Felipe no se explicaba por qué nadie había subido en su ayuda.

...Forzó sus brazos para moverse hacia adelante, desprendiéndose de ellos por completo. Su cabeza golpeó el suelo de tal forma que la madera se quebró en el lugar del impacto.

...Así, sin extremidades y sólo con la fuerza de su cuello logró que la cabeza moviera su cuerpo en dirección al, ahora gigantesco, objetivo. Su torso se disolvió como arena, desgarrando su piel, desapareciéndolo poco a poco, destrozando también su mentón y el costado de la cara que apoyaba para avanzar. Felipe no se rindió, pero tampoco lo logró.

...Miles de kilómetros separaban la puerta de la cama de Felipe, pero no tantos como emociones de desolación sentía desde que ella había partido.

domingo

Un paseo de tibia tarde

Detente donde estás, cierra los ojos lentamente, comienza a escuchar el agua calma y sin corriente acariciar los muros de piedra.

Siente la música de una ciudad dividida, donde el tiempo se ralentiza, donde sus habitantes se tiñen con la paz y belleza de los canales. Y claro, si éstos son como venas, recorriendo erráticas sus propios interiores, pero llegando a todos lados, empapando la urbe con su esencia.

Un golpear delicado y pausado indica lo cerca que estamos del punto de partida de las góndolas, la madera cruje, los remos lamen el agua, y el gondolero sonríe, como tú ahora.

No abras los ojos y déjame llevarte a ese lugar, que tanto quiero para los dos, con esas construcciones llenas de sabiduría, de historias que contar, de noches eternas, pletóricas de alegrías, llantos, sangre y carnaval. Escucha como te hablan, como te cuentan su historia, como yo ahora.

Déjame abrazarte profundamente en este lugar, déjame besarte largamente de pie junto a uno de los tantos canales, y que ellos nos vean felices, como tú, como yo, como ahora.
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N.del A: Sueño que se repite.

martes

Insomnio

Aburrido de escribir sobre sueños, quiero contarles un cuento acerca de la realidad. Una realidad en la que el amor deja de ser bienvenido, aunque eso no le quite lo imprudente.

Eran cerca de las 4:00 am y Felipe, a pesar de lo cansado que se había recostado, no conseguía pegar un ojo, simplemente no lograba dormirse. Luego de leer, pensar, y darse muchas vueltas por las sábanas, decidió tranquilizarse y respirar. Se levantó para abrir las cortinas de su habitación, tenía una bonita vista, vivir contiguo al cerro le permitía sentirse en el campo cada vez que lo necesitaba. Ahora era una de esas ocasiones.

La noche estaba algo fría, pero Felipe se encontraba cobijado por sus frazadas, y desde su calor, observaba hacia fuera intentando no pensar, simplemente concentrándose en su respiración. De súbito, y sin tener ningún motivo aparente, comenzaron a salir lágrimas de sus ojos, no las contuvo, dejó que brotaran, que tropezaran cabizbajas por su rostro, que picaran, y que aterrizaran sin fuerzas en su almohada.

En eso, comienza a ver unos reflejos en la ventana, como de cristales que pasaban haces de luz a través de los vidrios. Felipe se concentró, quería saber de dónde venían esas ráfagas. No pudo creerlo, volvió a observar con atención… era cierto, pero muy improbable, tanto así que si le hubieran dicho que existía esa posibilidad, él habría asegurado con su vida que no, pero ahí estaba, tendido, observando, cuando a las 4:37 am las estrellas estaban llorando desde su ventana.

Desconcertado, no quiso atribuir ninguna explicación lógica a lo que estaba viendo, tampoco quiso cuestionarlo o cuestionarse, simplemente se encargó de ser un espectador de un evento del que, estaba seguro, nadie más se estaba percatando.

Las estrellas lloran cuando nadie las está mirando… pero hasta las estrellas se equivocan.

Desde el otro lado del cerro, ella también observaba llorar a Felipe, y nostálgica le regalo esa única estrella que ya no derramaba lágrimas, pero sólo porque fue la primera en liberarlas.
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N. del A: Debo ser sincero, este relato no me gustó como quedó, pero siento la necesidad de comunicarlo. Me gustaría saber que le(s) parece (y así me entero de pasada si alguien lee este blog).¡Gracias!

miércoles

I

Diez dedos acercándome tus caderas.
Asiéndonos.
Nueve caricias tuyas en mis cabellos.
Persuadiéndonos.
Ocho miradas que no necesitan palabras.
Confirmándonos.
Siete susurros suaves en tu oído.
Encendiéndonos.
Seis horas asimiladas de absoluta libertad.
Elevándonos.
Cinco árboles rodeando nuestros cuerpos.
Observándonos.
Cuatro piernas entrelazadas.
Arrimándonos.
Tres escalofríos que te recorren cada minuto.
Inquietándonos.
Y dos bocas besándose sin control.
Convirtiéndonos
en Uno.

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N. del A: Formato prestado (gracias Marcel)

domingo

Algo extraño

Hoy pasó algo extraño.

Era un lunes cualquiera y como era común, aún faltaban unos segundos para que sonara la alarma, pero yo ya tenía los ojos abiertos. Lentamente comencé a sentir mi cuerpo despertar… lentamente también, me levanté.

Estaba nublado.


Camino al trabajo comenzó a lloviznar, primero muy despacio, luego un poco más fuerte (pero sin llover)… creo que el agua de verdad quería hacerse esperar, todos sabían que vendría, pero no aún. Cuando llegué a la oficina pasaron unos diez minutos y se desató un diluvio imparable, súbito, y mostrando su poder, se convirtió en el evento principal que buscaba ser.


Tomó un tiempo, pero finalmente esta lluvia comenzó a caer en todos nosotros, quienes estábamos secos y protegidos por fuera, pero poco a poco nos inundamos en nuestro interior, y cada vez más silenciosos, nos sumergimos, nos cerramos.


Esperé durante toda la mañana nuestro clásico encuentro… y sucedió, sin embargo no resultó todo lo bien que esperaba… o que yo esperaba… no me gusta esperar cosas, no me gusta esperar gestos. La lluvia cayó un poco más fuerte en mí.


Lo notaste.


Un par de horas más tarde hiciste un gesto que jamás habría esperado, un regalo, una sorpresa. Mostraste un interés inmenso por saber qué me pasaba, por conocer el motivo de mi silencio.


Con tu hermosa sencillez y cercanía me ofreciste salir a dar una vuelta, y a pesar de las responsabilidades no pude decir otra cosa que “¡sí claro, vamos!”. Corté los alambres de mis dedos, y creo que no lo notaste pero tomé dos segundos tu mano… hablamos de todo y de nada, nuevamente arreglamos el mundo.


Y fui feliz.


Mientras caminábamos por nuestra propia película, dejé caer las gotas de lluvia sobre mí, las sentí, las disfruté… Desde luego también aprovechaba de ver como otras, mucho más inteligentes, se peleaban por caer en ti, por rozar tu cuerpo, deslizarse por tu dulce frente, recorrer tu abrigo, pasar cerca de tus ojos, tus labios, y descansar plenas en tus bolsillos. Creo que es la primera vez que la envidia me hace sonreír.


Entonces ocurrió. Poco a poco las gotas disminuyeron el apuro raudo con que caían, mansamente (pero sin detenerse) bajaron muchísimo su velocidad, se volvieron ligeras, comenzaron a acumularse justo antes de llegar al suelo, lentamente giraron, y empezaron a subir, cayendo hacia arriba, emprendiendo el vuelo, llegando a obtener la misma fuerza de antes, pero directo al cielo, no fuimos los únicos en notarlo, pero sin duda sí fuimos los primeros.


¿Sabes que sucede cuando llueve como siempre? No solo caen gotas, también caen ánimos y cejas, ceños, hombros, pasos y estados. Todo se nubla y se cierra un poco. Pero cuando llueve hacia arriba pasa algo distinto… exactamente lo contrario, los ánimos se levantan, al igual que las miradas, se purifican las frentes, te yergues para caminar, se ilumina tu rostro, se despeja en tu interior, y lo demuestras.


Hoy pasó algo extraño, y estoy seguro que fue por ti. Por tu capacidad de cambiar el clima no solo me permitiste ver la poesía de tu rostro mojado, sino que además feliz. Cuando llueve hacia arriba, uno recuerda que más allá de los eventos, uno siempre termina por sonreír.


Gracias.

miércoles

Conditionis

...Cuando nada había, nada se sabía. Todo era plenitud, había cosmos y caos conviviendo simultáneamente. Dicha.

...Entonces la Luz, sin que nadie la invitara, nació. –“Bueno, así acontecen los grandes eventos, por error”- comentó la Voz, quien sin darse cuenta, al decir eso, también germinó en el universo. Así se creo la forma y el verso.

...Tú bien sabes que con eso basta para que lo demás llegue por si solo, Figuras y Poesía son la base, el núcleo. Nació lo Principal.

...Después apareció el Horizonte, la Manifestación, las Telas, el Sol, los Planetas y la Vida; con ello Dios y las estrellas.

...Al poco tiempo el Mar le dijo al Cielo: -“Cuando muera, quiero que me cremen y esparzan mis cenizas por la tierra”-. Y la Belleza cubrió el Mundo.

...Luego aparecieron tus ojos, y todo dejó de existir… nada más fue interesante… pero algo te puedo asegurar, cada cosa hermosa que nació del universo, dejó un poco en tu mirada. Es por eso que mirarte basta.