miércoles

Las trepidantes aventuras de Wasinflei (desvaríos fútiles)

Wasinflei se fue a casar gnomos, por eso él es feliz en estos días. Se compró un auto y se fue a bailar.

*N. del A: Estimado lector, debo asumirme como un ente que a veces resulta muy divergente y vacuo, a partir de ello nacen Las trepidantes aventuras de Wasinflei. Espero sea el primero de muchos desvaríos fútiles, ya que todos tenemos derecho a hablar banalidades de vez en cuando, lo que por supuesto, también nos da el permiso de escribirlas.

*2° N. del A: Esto NO es un giro del blog, solo un placer que me tomaré de vez en cuando. Espero le guste.

jueves

sisofromate MaL

A Kafka
Esa mañana, Samuel Guzmán abrió los ojos y descubriose convertido en un horrible ser humano. Cabellos negros, ojos pardos, traje oscuro, camisa blanca y zapatos lustrados.

No lo podía creer cuando se observó en el espejo de su habitación, de pelo corto, barba bien afeitada y "excelente presencia".

Un asco y un pavor incontrolables llenaron cada partícula de su cuerpo, las pupilas se le dilataron, le tembló la mano derecha, perdió levemente el equilibrio y sintió el vómito subir por su garganta. ¿Qué iba a hacer ahora?, ¿cómo iba a salir de su pieza?, y peor aún, ¿qué iban a decir sus amigos escarabajos?

10 pesos

-"Hace días que quiero escribir, pero no se me ocurre nada...

Miro al cielo y veo como los dragones se enrollan juguetones entre las nubes rosadas y doradas de un atardecer, pero no me inspiran nada.

Observo cómo el fin llega al mundo, el gigantesco apocalipsis en el que estamos envueltos, donde la ira, el odio, y el miedo hacen girar la Tierra, pero no me inspiran nada.

Espero que las historias de personas importantes se acerquen y me rocen ¿Dónde estás Gandhi?¿Qué ha sido de tu vida Malcom?¿Dime por qué Bush?, pero ellos no responden, y no me inspiran nada.

Colonizo lunas, desiertos, hielos y pantanos, observo desde la cima de una montaña, y no se me ocurre nada.

Me siento a esperar a que caiga esa hoja de otoño que te hace detener y reflexionar, regalándote una idea para escribir, y caen tantas, y solo caen, y luego, nada"- pensaba el hombre mientras contemplaba esa brillante moneda de 10 pesos que había pateado sin querer, una noche cualquiera en la ciudad. -"¿Por qué estás feliz, simple moneda?".

martes

De vainilla (delirios de un labial)

-"Recorrer tu labios... es un regalo cada vez que me lo permites, tu boca es todo lo que conozco, todo lo que se, cuando tus bordes se separan para decir algo, para besar, entonces me besas… me impregno en cada surco, me derramo en cada grieta de esos hermosos labios, humecto lo que eres, derrito lo que dices, amo lo que respiras"- y exhaló al mismo tiempo que ella lo hacía.

Sin abrir los ojos

Con la yema de mis dedos te recorro tan lentamente; ese roce, que con su vaivén sudoroso siento como provoca una cosquilla que desciende lentamente desde el término de mi nuca hasta el fin de mi espalda; trémula te encorvas y de tu piel sale ese olor a hierba húmeda, el vapor de agua expulsado por nuestros cuerpos quema; sumido en el péndulo de tu respiración femenina... agitada. Silencio. En la oscuridad más total siento que te despegas, lenta y cansada; decirte que te quedes sería inútil, lo sé; percibo como me tapas cuidadosamente con las sábanas, que se adhieren a mí porque aún no termino de sudar; escucho como abres la ventana, pisas delicadamente el pasto del jardín, y te vas. Sin abrir los ojos, duermo.

sábado

Historia de una ida.

Un viajero errante, anacoreta, se detuvo una vez en un pueblo, necesitaba agua y alimento para poder continuar. Al primer día no logró encontrar trabajo para comprar sus víveres, por lo que tuvo que pasar la noche en casa de un desconocido, quien admiraba la vida de los viajeros eternos; tiernamente le abrió las puertas de su casa. Al día siguiente, buscando trabajo en la feria, conoció una mujer… con el tiempo se enamoraron profundamente. Se casaron.

Años después en el mismo pueblo, un buen amigo, quien le había brindado asilo su primera noche ahí, le preguntó: “¿No extrañas tus viajes, tus aventuras, esos lugares desconocidos a los que ibas, o lo inesperado que pudiera suceder?”. Esbozando una sonrisa, el hombre contestó: “Una vez que llegué a la cima de esa montaña, al fin encontré lo que buscaba y pude seguir subiendo".

viernes

El vago

"Que simpático dueño de las calles”, pensaba mientras no podía despegar mis ojos de la holgura con que dormía, él, que pide limosnas sin hablar, que sobrevive acompañando a su reflejo, que se conforma con ese poco de cariño que le puede entregar una piedra o un palo perdido. Que comenzó su vida trashumante apenas nacido, que ha vivido inviernos más áridos y veranos más inundados de soledad, que ladra con fiereza pero moviendo su cola, esa cola que arrastra cuanta pelea y arranque puedas imaginar.

Entonces despertó, me observó durante un par de segundos, y corriendo tuve que partir para evitar que esa vez, que también movía la cola mientras me perseguía, no fuera con motivos tan amigables como los que pensé antaño.