Las trepidantes aventuras de Wasinflei IV
Wasinflei agarró todo y armó un lío de cosas, el universo se confundió y algunas cosas cambiaron, como su blog, su autoestima, y el sabor de los cuchuflís.
Mis luces a un mar ciego
Wasinflei agarró todo y armó un lío de cosas, el universo se confundió y algunas cosas cambiaron, como su blog, su autoestima, y el sabor de los cuchuflís.
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@ldo
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11.1.07
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En estas fechas pasa algo realmente inaudito, nacen unas chimeneas rarísimas en toda la ciudad, en cada hogar aparece una, si vives en un departamento salen horizontales desde alguna pared, y si tu hogar no tiene techo, algunas vienen con uno incluído.
Crecen en la noche, mientras todos duermen. Cuadradas, con bordes de ladrillo rojizo, y con el espacio justo para que una persona como tú quepa dentro poseen una gran extrañeza, y es que botan una especie de resina mágica, permitiendo que cuando alguien quiera subir o bajar a través de ellas, éstas adopten por dentro la forma de una cómoda escalera; eso sí, no cualquiera puede entrar a estas chimeneas, solo la gente con buenas intenciones puede lograrlo, y como dato curioso, la misma resina de las chimeneas tiñe fuertemente todo lo que roza, volviéndolo de un rojo muy intenso; por eso, si vez a alguien que anda vestido con ropa teñida de rojo, no temas, probablemente es alguien con buenas intenciones que quedó manchado por pasear entre chimeneas.
Nadie sabe bien cómo funcionan o por qué salen en estas fechas, pero sin duda hacen un buen trabajo, mejoran los hogares llenándolos de luz y paz, provocando que los grandes anden más felices (y, por ende, los chicos también).
Cuando cambia el año, al igual que como aparecen, se desvanecen en cuestión de una sola noche, sin dejar rastro alguno, excepto por supuesto en nosotros… recordándonos que son reales, y alimentando la esperanza que las volveremos a ver, el otro año, por estas mismas fechas.
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N. del A: ¡Feliz Navidad!
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@ldo
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18.12.06
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Dicen que cuando un vagabundo muere, se convierte en polvo, que solo deja sus prendas sucias en el piso, tiradas por ahí, que sus restos los levanta el viento para mezclarlos con la ciudad. Un poco de mendigo hay en el pavimento, otro poco en los edificios, algo en el aire que respiras, y seguramente también cae un pedazo en algún perro símil por ahí.
Cuando inhalas y sientes el aire rancio, es él, y por una milésima de segundo, sientes esa apatía por el mundo, que era suya.
Dicen que cuando un vagabundo muere, nadie los ve morir, la transmutación a polvo es rápida, y solo otro vagabundo puede apreciarla, sin embargo si lo logra, quiere decir que él será el próximo.
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Foto de mi autoría, Autopista Central.
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27.11.06
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Un gnomo golpeó a Wasinflei en la frente, y como no le pidió disculpas él le compró un helado y hablaron del futuro.
Wasinflei no fue rencoroso porque cuando peque, su madre le enseñó a nunca pelear con gente más pequeña que él, y el es muy alto para los gnomos.
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8.11.06
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En productos te doy tumbo
Eso lo tengo muy claro
A mi me dicen el Jumbo
Ojo no me voy de tarro
Metidos en mi despensa
A mi no me falta Dios
Soy el Líder no hay ofensa
Métete eso en la cabeza
Lo barato cuesta caro
Eso a mi no me interesa
El Líder es sentimiento
A mi no me cuestan náh
Los productos que estai viendo
La gente ya lo conoce
Igual te achunchai conmigo
No se me revele entonces
Mantengo la vista al frente
Yo ofrezco lo que es querido
Los precios más bajos siempre
César dijo a Barrabás
Prefiero tener buen ego
Mi calidad no cuesta más
Esta pelea de carros
Cada uno a sus estantes
Como chanchos en sus barros
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@ldo
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19.10.06
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Y así, se levantó de la vieja y desgastada silla de terciopelo burdeo, malformada por los años de roce. Esa vez, decidió caminar para ver la puesta de sol desde el balcón; prendió un cigarro, aspiró el humo rancio que hacía tanto tiempo no disfrutaba, y disfrutó la vista. Al girar y mirar hacia adentro vio su cama y, en ella, el nuevo personaje que esperaba sentado en una esquina. Inhaló una última vez y apagó el cigarro contra la madera de la baranda, caminando descalza abrió el refrigerador, se preparó unas tostadas. A la mitad de la segunda se atoró, intentó toser, resistirse; su piel, antes comparada con azulejos, ahora brillaba roja como el fuego, sus ojos se empezaron a teñir en sangre, se rindió. La muerte se puso de pie, dejó la habitación con balcón, le sonrió, la tomó de la mano, y se la llevó para que descansara.
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21.9.06
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Wasinflei no lo sabía, pero al dar la vuelta aquella esquina, un gnomo le preguntaría la hora.
...Justo caminaba sin su reloj, será para la otra.
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@ldo
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13.9.06
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